Hamlet
Resumen rápido de Hamlet
Hamlet fue escrita hacia 1600-1601 y es considerada por muchos críticos y escritores la obra cumbre de Shakespeare y, posiblemente, de toda la literatura occidental. No es la más entretenida de sus tragedias ni la más directa, pero sí la más profunda: sus preguntas sobre la acción, la moralidad, la muerte y la naturaleza humana siguen sin tener respuesta cuatro siglos después.
Shakespeare la escribió en su período de madurez, tras la muerte de su hijo Hamnet en 1596 —un detalle biográfico cuya relevancia ha sido muy debatida—, y representa un salto cualitativo respecto a sus tragedias anteriores. Donde Romeo y Julieta es una tragedia del destino externo, Hamlet es una tragedia del interior: el conflicto no es entre Hamlet y Claudio, sino entre Hamlet y sí mismo.
Resumen completo de Hamlet por actos
| Acto | Lo que ocurre | Escenas clave | Relevancia examen |
|---|---|---|---|
| I | El fantasma y la misiónLa verdad revelada | El fantasma del rey se aparece en las murallas de Elsinore. Le revela a Hamlet que fue asesinado por Claudio. Le pide venganza. Hamlet jura actuar pero empieza a dudar de si el fantasma dice la verdad. Decide fingir locura. | Muy alta. El fantasma y la misión son el punto de partida de todo el conflicto. |
| II | La locura fingida y la trampaEl plan de Hamlet | Hamlet actúa como loco para despistar a Claudio. Llegan actores a la corte. Hamlet planea representar ante el rey una obra que imite el asesinato: si Claudio reacciona, será la prueba de su culpabilidad. Polonio y el rey espían a Hamlet. | Alta. «La ratonera» es el plan más ingenioso de la obra y muy preguntado. |
| III | El monólogo, la trampa y el error fatalEl centro de la obra | El monólogo «Ser o no ser». La ratonera: Claudio reacciona culpablemente. Hamlet encuentra a Claudio rezando y no lo mata. Mata por error a Polonio, escondido tras una cortina. Confrontación con su madre Gertrudis. | Muy alta. El monólogo y la muerte de Polonio son los momentos más analizados de la obra. |
| IV | El exilio y la locura real de OfeliaLas consecuencias | Claudio envía a Hamlet a Inglaterra con órdenes secretas de ejecutarlo. Laertes regresa furioso por la muerte de su padre. Ofelia, destrozada por la muerte de Polonio y el abandono de Hamlet, enloquece de verdad y muere ahogada. | Alta. La muerte de Ofelia y la conspiración de Claudio y Laertes son fundamentales. |
| V | El cementerio y la masacre finalEl desenlace trágico | Escena del cementerio con el cráneo de Yorick. El duelo entre Hamlet y Laertes, amañado con una espada envenenada. Gertrudis bebe el veneno preparado para Hamlet. Hamlet mata a Claudio. Mueren Laertes, Gertrudis, Claudio y Hamlet. Horacio sobrevive para contar la historia. | Muy alta. El desenlace múltiple y el cráneo de Yorick son los más preguntados en Selectividad. |
Acto I y II: la carga del conocimiento
La obra empieza en las murallas del castillo de Elsinore, en plena noche. Los guardias han visto un fantasma con la apariencia del rey muerto. El príncipe Hamlet, que está en la corte hundido por el luto de su padre y perturbado por el apresurado matrimonio de su madre con su tío Claudio, sale a encontrarse con el espectro. El fantasma le revela la verdad: no murió de una picadura de serpiente como se anunció oficialmente. Claudio le vertió veneno en el oído mientras dormía. Le pide a Hamlet que lo vengue pero que no dañe a su madre.
Desde ese momento, Hamlet lleva el peso de un conocimiento que no puede compartir con nadie y que lo enfrenta a una misión que no sabe si puede o quiere cumplir. Para ganar tiempo y no delatar que sabe algo, decide fingir locura. Esta estrategia tiene consecuencias: alarma a todos en la corte, preocupa genuinamente a Ofelia —su amada— y lleva a Claudio y a Polonio a espiarlo constantemente.
La llegada de una compañía de actores le da a Hamlet una idea: hará representar ante la corte una obra que imite el asesinato de su padre. Si Claudio reacciona culpablemente, tendrá la confirmación que necesita. Este plan —que Hamlet llama «la ratonera»— demuestra que su inteligencia sigue intacta aunque su voluntad esté paralizada.
Acto III: el momento de la verdad y el error fatal
El tercer acto contiene los momentos más importantes de la obra. Primero, el monólogo «Ser o no ser» —analizado en detalle en la sección 3 de esta guía— en el que Hamlet reflexiona sobre la vida, la muerte y la parálisis ante la acción. Segundo, la ratonera: la representación teatral produce exactamente la reacción que Hamlet esperaba. Claudio abandona la sala perturbado. La prueba es concluyente.
Sin embargo, cuando Hamlet tiene la oportunidad perfecta de matar a Claudio —el rey está solo, rezando—, no lo hace. Su razón: si lo mata mientras reza, Claudio irá al cielo; para vengarse de verdad, debe matarlo en un momento de pecado. Este razonamiento es tan retorcido que algunos críticos lo interpretan como otra excusa para no actuar. Hamlet vuelve a postergar.
Después, en la habitación de su madre, Hamlet oye un ruido detrás de una cortina. Creyendo que es Claudio espiándole, apuñala a través de la tela. Pero es Polonio, el consejero del rey, que había sido puesto allí para espiar la conversación. Esta muerte accidental —de un inocente que no era el objetivo— tiene consecuencias devastadoras: destruye a Ofelia y da a Laertes un motivo genuino para odiar a Hamlet.
Acto IV y V: el colapso de todo
Claudio aprovecha la muerte de Polonio para enviar a Hamlet a Inglaterra con cartas selladas que ordenan su ejecución. Hamlet descubre las cartas, las sustituye con órdenes de ejecutar a los mensajeros y regresa a Dinamarca. Mientras tanto, Ofelia, que ha perdido a su padre, a su amado y la razón, enloquece y muere ahogada en un arroyo —posiblemente suicidio, aunque la obra lo deja ambiguo—. Su hermano Laertes regresa de Francia y pacta con Claudio una trampa: un duelo con Hamlet en el que la espada de Laertes estará envenenada.
La escena del cementerio, previa al desenlace, es uno de los momentos más filosóficos de toda la obra. Hamlet sostiene el cráneo de Yorick, el bufón de la corte a quien conoció de niño, y reflexiona sobre la igualdad de todos ante la muerte. No hay más diferencia entre el cráneo de un bufón y el de Alejandro Magno que el polvo al que ambos se han reducido.
El duelo final se convierte en masacre. Gertrudis, sin saber que está envenenado, bebe el vino destinado a Hamlet. Laertes hiere a Hamlet con la espada envenenada. En el forcejeo, Hamlet se apodera de la espada y hiere a Laertes. Antes de morir, Laertes revela la conspiración y señala a Claudio como el responsable. Hamlet, con su última energía, mata a Claudio. Hamlet muere en brazos de su amigo Horacio. Su último deseo: que Horacio sobreviva para contar la verdad.
Los monólogos clave de Hamlet — la voz del pensamiento
Los monólogos de Hamlet son el elemento más analizado y más preguntado de la obra en cualquier nivel educativo. A través de ellos, Shakespeare nos da acceso directo a la mente del protagonista y nos muestra la batalla interior que paraliza su voluntad. Conocer al menos los tres más importantes —y saber qué significan— es imprescindible para cualquier examen.
Personajes principales de Hamlet
Temas principales de Hamlet
Contexto histórico y literario de Hamlet
Simbolismo y recursos literarios en Hamlet
Cómo aprobar el examen de Hamlet
Hamlet es la obra de Shakespeare más larga y más compleja. Tiene más de cuatro mil versos y contiene más capas de significado que cualquier otra tragedia del autor. No esperes poder aprenderla bien en una noche de estudio. Lo que sigue es la jerarquía de lo más importante a lo menos importante para los exámenes.
Lo absolutamente imprescindible: saber de qué trata la obra (el príncipe Hamlet busca vengar a su padre pero no puede actuar), conocer el monólogo «Ser o no ser» y saber explicar qué significa y por qué importa, conocer los personajes principales (Hamlet, Claudio, Ofelia, Horacio, Laertes, Gertrudis) y entender el desenlace (todos mueren en el acto V excepto Horacio).
Lo que sube la nota: saber explicar la indecisión de Hamlet con matices —no es cobardía, es parálisis filosófica—, conocer el recurso de «la ratonera» y lo que representa, hablar de la contraposición entre la locura fingida de Hamlet y la locura real de Ofelia, y mencionar el cráneo de Yorick y lo que simboliza.
Para Literatura Universal específicamente: situar la obra en el teatro isabelino, saber que pertenece al período de madurez de Shakespeare (junto a Otelo, Macbeth y El rey Lear) y poder comparar brevemente Hamlet con Romeo y Julieta —la primera es una tragedia del destino externo; la segunda, del conflicto interior.
Ideas clave de Hamlet que debes recordar
Respuestas modelo para el examen de Hamlet
La indecisión de Hamlet es el tema central de la obra y ha dado lugar a debates críticos durante cuatro siglos. La pregunta es sencilla: Hamlet sabe desde el acto I que Claudio mató a su padre. Tiene razones morales y emocionales para vengarse. ¿Por qué espera hasta el último acto?
La primera razón es la epistemológica: la fuente de su conocimiento es un fantasma, y Hamlet no puede estar seguro de si el espectro dice la verdad o si es un demonio que quiere manipularlo para que cometa un crimen. Esta duda es legítima en el contexto de las creencias de la época isabelina, donde los espíritus podían ser tanto almas del purgatorio como agentes del diablo. El plan de «la ratonera» —hacer representar ante Claudio una obra que imite el asesinato— es su intento de resolver esa incertidumbre antes de actuar.
Pero la ratonera confirma la culpa de Claudio en el acto III y Hamlet sigue sin actuar. Cuando lo encuentra solo rezando, tiene la oportunidad perfecta y la rechaza con un argumento moralmente retorcido: no quiere matarlo en estado de gracia porque iría al cielo. Aquí la excusa filosófica parece más una racionalización de la parálisis que una razón genuina.
La explicación más convincente es la que el propio Hamlet formula en su segundo monólogo: tiene una naturaleza contemplativa que le impide pasar del pensamiento a la acción. Cada vez que está a punto de actuar, una nueva consideración moral genera una nueva duda que paraliza la voluntad. Coleridge lo describió como «exceso de facultad contemplativa», y esa descripción sigue siendo la más precisa. Hamlet no es cobarde: es un hombre cuya inteligencia y profundidad moral se han convertido en una trampa de la que no puede escapar hasta que las circunstancias le fuerzan a actuar en el caos del desenlace.
El monólogo «Ser o no ser» es el más famoso de la literatura occidental y el que concentra con más densidad el pensamiento de Hamlet y los temas centrales de la obra. Se pronuncia en el acto III, escena 1, y está formulado como una reflexión filosófica sobre la vida, la muerte y la acción.
La pregunta inicial —»ser o no ser, esa es la cuestión»— plantea una disyuntiva que no es simplemente existencial sino también ética y práctica: ¿merece la pena seguir existiendo y soportando los sufrimientos de la vida, o sería más noble «tomar las armas contra un mar de calamidades» y terminar con ellos? Hamlet no está hablando solo de si quiere vivir o morir: está preguntándose si tiene sentido actuar en un mundo injusto o si lo más sabio es abandonarse al sufrimiento.
La conclusión a la que llega Hamlet es que el miedo a lo que hay después de la muerte —»ese país no descubierto de cuyos confines ningún viajero vuelve»— es lo que nos frena a todos. No elegimos morir porque no sabemos lo que hay al otro lado. Y esa misma lógica —el miedo a las consecuencias desconocidas— es la que paraliza también su venganza. El monólogo no es solo una reflexión sobre el suicidio: es la formulación más precisa del mecanismo que lo paraliza a lo largo de toda la obra.
En ese sentido, el monólogo no es un desvío del tema central sino su expresión más concentrada. Hamlet reflexiona sobre la parálisis ante lo desconocido, y esa parálisis —el miedo a actuar sin certeza sobre las consecuencias— es exactamente lo que lo ha impedido vengar a su padre durante toda la obra.
Laertes es el personaje que Shakespeare construye como contrafigura de Hamlet, y esa función de espejo es una de las claves estructurales de la obra. Los dos personajes comparten una situación casi idéntica: ambos tienen un padre asesinado, ambos tienen un motivo legítimo de venganza, y ambos actúan en respuesta a esa muerte. La diferencia es radical: Laertes actúa sin dudar; Hamlet no puede actuar.
Cuando Laertes se entera de que Polonio ha muerto, regresa de Francia furioso, irrumpe en palacio al frente de un grupo armado y exige explicaciones al rey. No se detiene a reflexionar sobre las consecuencias morales, no duda sobre si sus pruebas son suficientes, no necesita confirmar nada. Cuando Claudio le dice que fue Hamlet quien mató a su padre, Laertes está dispuesto a cometer cualquier acción para vengarse, incluso pactar con el asesino del rey. Su resolución es total e inmediata.
Esta comparación ilumina la complejidad de Hamlet. La pregunta implícita es: ¿sería mejor ser Laertes? La respuesta de Shakespeare es que no necesariamente: la acción impulsiva de Laertes lo lleva a pactar con el villano, a usar una espada envenenada en un duelo que se supone honorable, y finalmente a morir en su propia trampa. La acción sin reflexión no es mejor que la reflexión sin acción; simplemente lleva a la destrucción por un camino diferente. Shakespeare presenta ambas opciones y concluye que, en el mundo corrupto de Elsinore, no hay ninguna que funcione.
Preguntas frecuentes sobre Hamlet — tipo examen
Haz clic en cada pregunta para desplegar la respuesta completa.
La frase «Algo huele a podrido en Dinamarca» la pronuncia Marcelo, uno de los guardias, en el acto I, cuando el fantasma acaba de llevarse a Hamlet. Es una de las frases más citadas de Shakespeare y ha pasado al lenguaje común en muchos idiomas como expresión de corrupción oculta bajo apariencias normales.
En el contexto de la obra, la frase tiene una función diagnóstica precisa: señala que algo fundamental está mal en el reino de Dinamarca, aunque nadie —excepto el fantasma y pronto Hamlet— sabe exactamente qué. El rey legítimo ha muerto en circunstancias sospechosas, la reina se ha casado apresuradamente con el cuñado y la corte entera actúa como si todo fuera normal. Marcelo no sabe lo que ocurre, pero intuye que la corrupción está presente.
La frase también establece el marco temático de toda la obra: Hamlet es la historia de un mundo corrompido en que las apariencias ocultan una realidad criminal. La putrefacción que Marcelo huele metafóricamente es la descomposición moral del reino a causa del crimen de Claudio. Y esa podredumbre no se limitará al rey: se extenderá a todos los personajes que entren en contacto con la conspiración.
La escena del rey Claudio rezando es uno de los momentos más perturbadores de Hamlet, porque en ella el protagonista tiene todo lo que necesita para actuar —está solo con Claudio, lleva una espada, acaba de confirmar su culpabilidad con la ratonera— y sin embargo no actúa.
La razón que Hamlet da en su monólogo es teológica: si mata a Claudio mientras está rezando, el rey morirá en estado de gracia y su alma irá al cielo. Para que la venganza sea justa, debe matarlo en un momento de pecado, de manera que vaya al infierno como fue al infierno su padre al ser asesinado sin confesión. Este razonamiento implica que Hamlet quiere no solo la muerte de Claudio sino su condenación eterna.
Sin embargo, muchos críticos han señalado la ironía añadida de la situación: en la escena siguiente veremos que Claudio no puede rezar, que sus palabras no suben al cielo porque no puede arrepentirse genuinamente sin abandonar lo que ha obtenido con el crimen. Hamlet rechazó la oportunidad perfecta basándose en una suposición errónea: Claudio no estaba realmente en estado de gracia.
La interpretación más profunda es que el argumento teológico es otra racionalización de una parálisis que tiene causas más profundas. Hamlet no puede matar a Claudio no por razones teológicas sino porque su naturaleza contemplativa le impide dar ese paso definitivo e irreversible. La razón que da es intelectualmente brillante y moralmente cuestionable, lo que la convierte en el ejemplo más claro de cómo su inteligencia trabaja en su contra.
La pregunta sobre la locura de Hamlet es una de las más debatidas de toda la historia de la crítica literaria, y Shakespeare la deja deliberadamente sin respuesta definitiva. Lo que sí está claro es que Hamlet declara explícitamente su intención de fingir la locura en el acto I: «Puede que considere oportuno poner un aspecto de extravagancia.» La locura es una estrategia consciente que le permite decir verdades peligrosas con la cobertura de la demencia.
Sin embargo, a lo largo de la obra hay momentos en que la frontera entre la locura fingida y el desequilibrio real se difumina. La intensidad de sus emociones, la dureza con que trata a Ofelia, los cambios bruscos de estado de ánimo y la violencia de su reacción al matar a Polonio sugieren que la presión acumulada está afectando genuinamente su equilibrio mental. Shakespeare no dice si Hamlet cruza la línea de vuelta hacia la locura real; simplemente no lo aclara.
La locura de Ofelia, en cambio, es indudablemente real. Pierde a su padre asesinado por el hombre al que ama, ese hombre la rechaza y se va, y la deja completamente sola. Su locura en el acto IV no es una estrategia: es el colapso de una persona que ha perdido todo su mundo. Sus canciones y la distribución de flores contienen verdades simbólicas que su locura le permite expresar, pero eso no significa que controle su estado.
La contraposición entre la locura fingida de Hamlet y la real de Ofelia es uno de los recursos dramáticos más ricos de la obra. La locura que el poderoso usa como arma tiene consecuencias reales sobre los más vulnerables: Ofelia enloquece en parte porque Hamlet la usa como coartada para su teatro de la demencia.
La escena del cementerio en el acto V, donde Hamlet sostiene el cráneo del bufón Yorick, es una de las más famosas del teatro universal. Hamlet toma el cráneo en sus manos y se dirige directamente a él: «¡Pobre Yorick! Lo conocí, Horacio. Era un hombre de infinito humor, de la mejor fantasía.» El bufón que lo hacía reír de niño, que lo cargaba en sus espaldas y lo besaba, se ha reducido a un objeto sin vida que despide «un olor tan abominable» que le revuelve el estómago.
La reflexión de Hamlet se extiende más allá de Yorick: si este hombre lleno de vida y humor ha llegado a esto, ¿qué diferencia hay entre él y los grandes de la historia? Hamlet considera que Alejandro Magno, el mayor conquistador de la historia, también acabó en polvo, y que ese polvo podría estar tapando ahora mismo un agujero en un barril de cerveza. El humilde y el grande, el bufón y el héroe: todos acaban igual.
El mensaje filosófico es claro: la muerte iguala a todos. La única diferencia entre los seres humanos —su poder, su riqueza, su fama— desaparece ante la muerte. Esta reflexión conecta directamente con el tema de la muerte que recorre toda la obra desde el monólogo «Ser o no ser» y culmina aquí en su expresión más concreta y más visual.
Hay también una dimensión personal: Yorick era para Hamlet alguien que lo amaba y lo hacía feliz cuando era niño. Ese cráneo es también el recuerdo de una felicidad pasada que la muerte ha destruido. La escena combina la filosofía universal con el duelo personal de una manera que resulta emocionalmente devastadora.
Hamlet es considerada la obra cumbre de Shakespeare y una de las cimas absolutas de la literatura occidental por varias razones que se refuerzan mutuamente.
En primer lugar, por la complejidad psicológica de su protagonista. Hamlet es el primer personaje de la historia de la literatura que reflexiona sistemáticamente sobre sus propias limitaciones interiores y que convierte esa reflexión en el motor de la acción dramática. Antes de Hamlet, los protagonistas de las tragedias actuaban o padecían; Hamlet no puede actuar precisamente porque piensa demasiado. Esta introspección radical anticipa siglos de literatura que exploraría la conciencia humana desde dentro: Dostoievski, Proust, Joyce, Kafka.
En segundo lugar, por la riqueza filosófica de sus preguntas. Hamlet no habla solo de la venganza: habla de si merece la pena vivir, de qué hay después de la muerte, de cómo la consciencia moral puede paralizar la voluntad, de si el ser humano puede conocer la verdad en un mundo de apariencias. Estas preguntas no tienen respuesta en la obra —y Shakespeare no pretende dárselas—, pero el hecho de que las formule con esa profundidad hace que la obra siga siendo relevante cuatrocientos años después.
En tercer lugar, por la calidad del lenguaje. Shakespeare escribió Hamlet en su madurez artística y el texto contiene algunos de los versos más hermosos y más densos de toda la lengua inglesa. El monólogo «Ser o no ser» es solo el ejemplo más conocido; hay decenas de pasajes de una belleza equivalente.
Por último, por su capacidad de generar interpretaciones infinitas. Goethe leyó a Hamlet como la víctima de la melancolía romántica. Freud lo usó para ilustrar el complejo de Edipo. Coleridge se identificó con su parálisis. Cada época, cada cultura y cada lector encuentra en Hamlet algo diferente. Esa apertura —la imposibilidad de cerrar definitivamente el significado de la obra— es el sello de la literatura verdaderamente grande.
Errores comunes al estudiar Hamlet
Corrección: Hamlet sufre parálisis filosófica, no cobardía. Coleridge lo llamó «exceso de facultad contemplativa». Su inteligencia y profundidad moral son exactamente lo que le impide actuar.
Corrección: «Ser o no ser» reflexiona sobre si merece la pena vivir y actuar en un mundo injusto, y sobre por qué el miedo a lo desconocido tras la muerte nos paraliza tanto para morir como para actuar. Es la formulación más precisa del tema de la indecisión.
Corrección: la frase la dice Marcelo (un guardia), no Hamlet, en el acto I escena 4, cuando el fantasma acaba de llevarse a Hamlet. Siempre especifica quién la pronuncia.
Corrección: Laertes tiene el mismo motivo de venganza que Hamlet y actúa sin dudar. Pero su acción lo lleva a pactar con el villano y a morir en su propia trampa. Acción sin reflexión y reflexión sin acción llevan al mismo desenlace.
Corrección: Ofelia muere ahogada, pero Shakespeare deja ambiguo si fue un suicidio o un accidente. El debate sobre si «merece» sepultura cristiana en la obra refleja esa ambigüedad. No afirmes el suicidio como un hecho confirmado.
Corrección: Horacio sobrevive por petición explícita de Hamlet, que quiere que alguien cuente la verdad al mundo. «El resto es silencio» es la última frase de Hamlet, dirigida a Horacio. Es el garante de la memoria y la verdad.
Corrección: Romeo y Julieta = tragedia del destino externo (el odio familiar) y del amor; pertenece al período temprano. Hamlet = tragedia del conflicto interior (la indecisión); pertenece al período de madurez. Son filosófica y dramáticamente muy distintas.